Pesca de Atún de 76 kilos en el Cantábrico en el año 2011.

Existen varias zonas a lo largo de la costa Cantábrica desde donde los especialistas en la pesca de bonitos y atunes del Cantábrico arrancan las jornadas de pesca de currican de altura.

Cada año es más dificil dar con los bonitos (que por lo divertido del lance y las picadas múltiples son el objetivo principal de los pescadores deportivos) puesto que se acercan a las costas cantábricas tarde y a muchisima distancia. Hemos pasado de tenerlos a 15 millas de la costa en el mes de julio de 2004 a tener que ir a buscarlos a 70 millas de la costa a primeros de Octubre. Y si no llegas a esa distancia, pierdes la posibilidad de embarcar al menos un par de bonitos esatemporada y a esperar otro año otro rezando para que se acerquen un poco más.

Paradójicamente, en los últimos años, las jornadas de pesca de altura las están arreglando las picadas de grandes atunes, peces espada y, ¡sorpréndanse!, ¡¡Llampugas!!. Si, esos dorados que se pescan pequeños en el mediterráneo y enormes al otro lado del Atlántico cada vez son más habituales en el Cantábrico.

El número de ejemplares por jornada es de un par de piezas, pero ¡menudos bichos!. El lance no lo disfrutas mucho, más bien lo sufres, pero las fotos una vez embarcado el “leviatán” de turno y las jornadas gastronómicas en familia son espectaculares.

Es muy habitual para los patrones de los barcos deportivos de altura Cantábricos zarpar desde distintos puertos (basados desde Burela hasta Santander) para acabar todos juntitos al norte del Cabo Peñas (entre 30 hasta 50 millas al norte) y siempre hay alguno que se lleva su premio gordo. Un par de “bonitas” de 60 kilos, un espada de más de 100 kilos, una llampuga de 20 kilos (son finitas pero con ese peso llegan a los dos metros) o cuatro o cinco alalungas….. Al final hay siempre un par de barcos que ponen los dientes largos al resto.

Y un dia nos tocó, picadón tremendo, 500 metros de monofilamento de 130 mm que se llevó en la primera carrera y alto frenesí en la bañera del barco.

 

Hasta 14 veces lo acercamos al barco y otras tantas se alejó tanto como quiso. Iba a ser un lance largo y tenso. Comenzaron las discusiones a bordo, “este no se cansa, nos cansamos nosotros más”, “Déjame a mi si tu no puedes..”, “cuida que vamos a cortar la linea con la hélice”, lo típico. Ansiedad, alegria, miedo, euforia, agotamiento…

Finalmente lo vimos seis o siete metros debajo del barco, era lo más grande que había visto la mayoría de los presentes. Nervios, risitas histéricas, preparando los ganchos se nos rompió uno. Menos mal que llevábamos cuatro. Tras un interminable lance de más de dos horas, conseguimos embarcar la “bonita” ó patudo como se le conoce por la zona.

Disfrutamos del atún con las fotos y mucho más con el marmitako.

La caña que utilizamos fue la yellow finn de 80 libras que aguantó como una campeona y el carrete fue el penn senator negro de 80 libras (un poco justo de tamaño para la línea de 130 mm pero hizo su trabajo).

Adjuntamos la galeria fotográfica

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